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Son un puñado y son muchas. Son red y son liberadoras. Son mujeres de paz en tiempos de guerra en Colombia. Y son valientes. La Red Mariposas de Alas Nuevas tiene muchos nombres. Gloria Murillo, Mery Medina y Maritza Cruz son tres de ellas, tres lepidópteras que han construido, puerta a puerta, una telaraña que va creciendo a lo largo del río Naya, en Buenaventura, o entre los palafitos sobre el Pacífico, también entre los cafetales que rodean las veredas.

Hace apenas cinco años que Gloria ayudó a impulsar la Red en Buenaventura, ese municipio del sudeste colombiano marcado por la violencia, donde las mujeres se han convertido en botín de una guerra que tiene muchos frentes. Son torturadas, violadas, maltratadas y asesinadas en batallas entre bandas en las que se convierten en rehenes de una situación que sobrevuela sobre sus cabezas, a la espera de una presa.

La propia Gloria fue testigo desde niña de los golpes que recibió su madre de un padre cegado por la violencia, a veces teñida de alcohol. Y al crecer no vio otra salida que coger la bandera contra esa agresividad que se descarga sobre una mujer por serlo, en casa y fuera de ella.

No tardaron las amenazas, y la inevitable huida a Bogotá para escapar de una muerte que muchos veían cerca. Allí tampoco calló, sino que recabó apoyos en su lucha contra una violencia invisible y destructora.

Finalmente, en 2010 surgía la Red Mariposas de Alas Rotas, porque así se sentían las mujeres que llegaban a su puerta. Hundidas. Incapaces de volar. Con los bolsillos llenos de lágrimas. En la red, las cuidaban, las recomponían y finalmente, del gusano triste de la llegada surgía una crisálida que acababa en una mariposa. Aún lo siguen haciendo.

Así le ocurrió a Maritza y más tarde a Mary. Ambas decidieron quedarse en la Red para seguir ampliándola, hasta el punto que acogen hoy a muchas pequeñas asociaciones locales de mujeres, y hoy su paraguas se ha convertido en salvavidas de miles de desplazadas que lo habían perdido casi todo, hasta las ganas de seguir luchando.

Tan renovadas se sienten las mujeres en este cobijo bajo la Red que al poco tiempo decidieron cambiarse el nombre y hoy son Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro. Y no es raro encontrarlas en cualquier barrio chabolista de Buenaventura, hablando de igualdad ante familias unidas por la desesperación; comentando leyes que deben protegerles y no siempre lo hacen; dando apoyo psicológico y acompañamiento a mujeres que han vivido la violencia en sus propias carnes ; enseñando en talleres cómo montar un pequeño negocio que aumente en peculio familiar; quizás explicando con detalle los vericuetos legales que deben seguir las mujeres desplazadas de su tierra para obtener ayudas tras ser expulsadas por una violencia que no termina de tener fin.

Y tanto esfuerzo, en el que colabora Alianza como una más, se vio recompensado en septiembre de 2014, cuando el Alto Comisariado de los Refugiados de Naciones Unidas (ACNUR) les entregó en Ginebra el Premio Nansen, el más importante que otorga este organismo, para premiar su labor. Con sus alas fortalecidas, la Red vuela cada vez alto.

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