SantaRosa_2

A Santa Rosa le pusieron uno de esos nombres que parecen etiquetar una vida. Sin embargo, a esta quechua, algo tímida y con una tremenda fuerza interior, nunca le han caído bien los moldes y su lucha contra aquellos que rigen sobre sus compañeras y vecinas en la zona rural de Perú donde nació la ha transformado en una conocida activista por los derechos de las mujeres.

Nació un luminoso 20 de abril de 1981 en un pequeño pueblo de la provincia de Acobamba, donde aún vive. Enseguida sus docentes se dieron cuenta de que aquella chiquilla tenía una inteligencia especial. Quería aprender, aunque en su casa los problemas eran muchos. Apenas contaba 3 años cuando su padre y el hermano mayor, de 17 años, murieron a causa de la violencia política que azotaba la sierra de Perú, dejando a la madre con cinco hijos. Ella era la menor.

Desde siempre, Santa Rosa vio a su madre trabajar duramente para sacar adelante a los cinco en su comunidad. El temor a la violencia que ya había cercenado la familia, les obligó a trasladarse a la cercana ciudad de Acobamba, a uno de tantos suburbios de pobreza por los que siempre ronda el hambre. Con el ánimo de llevar un pan más a casa, no era raro ver a Santa Rosa vendiendo golosinas por las calles, aún con los libros del colegio en la cartera.

Allí pronto destacó en el aula por su gran facilidad para el aprendizaje y su tesón, ganándose así la admiración de sus compañer@s. Fue así como se abrió camino hasta las aulas universitarias, donde acabaría con el título de ingeniera agroindustrial.

En el campus, aquella joven inquieta no tardó en identificarse con los problemas de la población más necesitada que tan bien conocía. Y comenzó su quehacer por la equidad y la justicia social, inclinándose por la lucha contra un machismo que era y es una lacra en la sociedad peruana, donde cerca de un 70% de las mujeres jóvenes sufren violencia de género, según datos oficiales.

Nada más graduada, eligió seguir por esa senda a través de proyectos de la organización feminista peruana Manuela Ramos en su ciudad, donde llegó a ser coordinadora de su centro de servicios Casa de Bien Estar y después responsable de varias iniciativas, todas ellas relacionadas con la igualdad de género y por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Desde allí, no ha dejado de trabajar para que esa violencia invisible que viven tantas mujeres en silencio salga a la luz, y se denuncie, y sea un estigma social para quien la practica.

Y en ello continúa, incansable a sus 29 años, convertida, a decir de quienes trabajan con ella, en una prometedora figura del ámbito político en su región y en su país. De hecho, y desde el 2009, cuando apenas acababa de cumplir los 23 años, ocupa el cargo de presidenta provincial de los afectados por la violencia política en la provincia.

Santa Rosa sabe que quedan muchas heridas por cerrar de un periodo negro de la historia de su país, que en el caso de las mujeres se suman a las muchas otras aún por diagnosticar en el ámbito privado.

FacebookTwitterGoogle+WhatsAppCompartir