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Un grueso abrigo azul protege a Juana Fani Nina Colte del frío que se cuela hasta los huesos en El Alto boliviano. Pero Fani Nina, como la llaman, es también Fani Fuego para sus amigos, para quienes saben que detrás de esa mujer espontánea y alegre se oculta una auténtica guerrillera, alguien que no dudó en jugarse la vida en defensa de sus derechos.

Su familia, de la zona minera de Pacuni, en la cordillera de los Andes, llegó a El Alto en esa oleada que trajo a tanta gente al municipio que, sobre las nubes, iba en busca de un mejor futuro tras la caída del precio del estaño en el país durante los años 80. Era entonces El Alto un lugar inhóspito y pobre, donde las familias vivían sin servicios básicos como el agua, la luz y el alcantarillado. La violencia reinaba en calles, y también en muchos hogares.

Esa pobreza que veía a su alrededor, la discriminación, el abandono por parte de las autoridades de un lugar que no contaba en los mapas del poder, despertó en Fani desde muy joven las ganas de entrar en acción, de participar allá donde pudiera para cambiar una realidad que sentía injusta. “Ya en el colegio, recuerdo que un grupo nos organizamos y logramos expulsar a un profesor que acosaba a estudiantes”. Fue su primera victoria.

Fani no llegó a terminar ninguna de las dos carreras que comenzó, pues pronto se inclinó por dedicar todas sus energía a esas organizaciones sociales desde las que estaba segura que podía llegar el cambio, en las que buscaba salida a un horizonte que oscurecía el ninguneo de sus compañeros.

Los libros tenían que esperar porque durante un encuentro en la organización de mujeres Gregoria Apaza, aliada en Bolivia de Alianza por la Solidaridad, descubrió que ella no la única mujer que sufría discriminación o violencia por su sexo.

El escenario donde comenzó su carrera política fue el Distrito 5, que en 2007 aún no tenía luces en las calles. A fuerza de pelear por su espacio, los vecinos finalmente confiaron en ella para que consiguiera lo que otros no habían logrado antes.

Su éxito fue su trampolín para alcanzar el lugar que nunca antes había ocupado otra mujer: la presidencia de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto. Era 2010 y resulta llamativo que en pleno siglo XXI algunos dirigentes aún cuestionaran su elección porque “no tenía la libreta militar” y ello la incapacitaba para el cargo. “Mujercita, si no renuncias en dos meses te vamos a sacar”, le llegaron a amenazar.

Y quien sabe si lo cumplieron, porque poco después sufría un sospecho atropello por la calle que la dejó gravemente herida sobre la calzada, pero los culpables nunca aparecieron.

Con el tiempo, su implicación en el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, fue en aumento. Allí se trabaja en la prevención y protección de víctimas de violencia de género, algo que había vivido en sus carnes. “Comprendí que era importante hablar de estos temas en mi barrio, que debía concienciar a los demás dirigentes”.

En 2014, fue elegida como candidata para la Alcaldía de El Alto, pero no salió elegida y volvió de nuevo a ocupar la Presidencia de su junta vecinal, regresó a la pelea de base por los derechos humanos, la lucha sindical, mientras para vivir hace artesanías de su tierra.

En Fani Nina, Fani Fuego, la llama no se apaga.

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